Pandemia y derechos (y tente tieso)

Jueves, 11 Junio, 2020

Desde que se reconoció la existencia de la pandemia y se tomaron las primeras medidas contra sus efectos, diversos autores han señalado que esta lucha no debe poner en cuestión nuestros derechos políticos y sociales. Santiago Alba lo escribió muy claramente: «No podemos hacer concesiones en derechos civiles, políticos o sociales. Después del corona virus habrá más desigualdad, más pobreza y más tensión social. Y habrá que solucionarlo, pero la solución no puede pasar por sacrificar más derechos en aras de una utopía muy peligrosa como es la de la seguridad total». Además de utilizar los desmantelados recursos sanitarios públicos, se ha recurrido a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, al Ejército, tanto en la calle como en el plató de tv, planteando dudas sobre si se están salvaguardando las libertades ciudadanas y los límites del uso de la fuerza por parte del Estado. Mientras una parte de la sociedad ha practicado la solidaridad e interiorizado la necesidad de una sanidad pública fuerte, también hemos tenido inquisitoriales balcones que increpaban a los viandantes sin conocer sus circunstancias o jaleaban excesos policiales... están los que piden más mano dura que la que las leyes permiten.

Afortunadamente, en la prensa escrita (no tanto en las televisiones) se han podido leer serias advertencias, algunas muy descriptivas, sobre la cibervigilancia, el uso de los big data, o el uso de policías con doble personalidad o múltiple funcionalidad de fiscales, jueces y ejecutores de sentencia. Elisa Beni opinaba que eran más graves, en términos democráticos, algunas de las actitudes represivas que estamos viendo que la ruptura anecdótica del confinamiento por parte de una minoría. El discurso bélico de los militares (cuando aún aparecían en las ruedas de prensa televisadas desde Moncloa), asumido por los políticos, daba juego a los que justifican la reducción de derechos.

Más dramáticamente, la profesora Angeles Díez señalaba en Insurgente: «Así, auqnue la situación actual se nos presenta como `Estado de Alarma para la gestión de una crisis sanitaria´ y poder abordar la situación extrema de la población, dos son las evidencias de que esto no parece un estado de alarma sino un Estado de Excepción y que este país ya venía caminando hacia él.

La primera evidencia es la actuación de los cuerpos de seguridad y la aceptación por parte de la mayoría de la población de esta actuación, es decir, la normalización de la actuación de la Policía y el Ejército. La segunda es la imposibilidad de cualquier tipo de crítica y/o resistencia ya que automáticamente provoca la condena, la represión y la acusación de alianza con el discurso fascista..

Insiste Miquel Salas, (Sin Permiso), en señalar, a propósito de las manifestaciones prohibidas el 1 de Mayo, cómo se están cuestionando nuestros derechos en el presente con una amenazante proyección hacia el futuro:

«El estado de alarma no implica la hibernación y/o suspensión de los derechos, simplemente los condiciona a una determinada situación, por lo tanto, sobre lo que habría que decidir es sobre las condiciones concretas en las que ejercer el derecho, no sobre el derecho mismo.

Y ya sabemos por experiencia que las interpretaciones de las autoridades y de los jueces no suelen ser proclives a garantizar derechos y libertades por delante de otras consideraciones. O que se establezcan diferentes varas de medir.

Hay que estar alerta. Venimos de una etapa de restricciones de derechos y libertades impuestos por el PP, como la Ley Mordaza que sigue vigente, hemos visto como los tribunales europeos ponían en cuestión muchas decisiones de los tribunales españoles respecto al conflicto catalán, o como desde el gobierno de coalición se ha utilizado el ejército para tareas en las que no era imprescindible, o como la policía, guardia civil o militares han estado presidiendo durante semanas las ruedas de prensa del gobierno. Hay que estar alerta, no sea que con la excusa de salvar vidas acaben enterrando derechos y libertades.

El resumen y conclusión lo ofreció Carlos Frade en Público: «Impedir que la gente piense: la política de la derecha ante la pandemia y el imperetivo de defender y fortalecer lo público»